Una rara manifestación de sífilis puede afectar los ojos, imitando una variedad de trastornos oculares. Si no se trata, puede conducir a ceguera. Desafortunadamente estos casos van en aumento.

Investigadores de la Universidad de Sao Paulo en Brasil y la Universidad de Flinders en Australia analizaron registros de cuatro centros médicos en Brasil durante un período de dos años y medio.

Encontraron 127 pacientes afectados de sífilis ocular, 87 de los cuales tenían inflamación ocular o uveítis en ambos ojos. La mitad de los pacientes estaban gravemente afectados al punto de no poder conducir.

El estudio es la serie más grande de casos de sífilis ocular recopilados hasta la fecha y constituye un valioso banco de datos de la variedad de presentaciones que puede tomar.

Esto podría ser útil para otros países del mundo, donde los estudios han encontrado que la sífilis ocular está aumentando, especialmente en los Estados Unidos, Europa, Asia y Australia, que a veces coinciden con la infección por VIH, posiblemente debido a los efectos de los medicamentos contra el VIH en el sistema inmune.

“Las décadas de 1990 y 2000 indicaron que la sífilis ocular era un diagnóstico poco frecuente y representaba menos del 2% de todos los casos de uveítis”, dijo el oftalmólogo João Marcello Furtado de la Universidad de Sao Paulo.  “Los informes más recientes describen cohortes de hasta 85 pacientes con sífilis ocular en las Américas, países de Europa y partes de Australia, lo que demuestra que no es solo un problema en Brasil”.

La historia completa de la sífilis es desconocida y disputada, pero los primeros registros se remontan en Europa a finales del siglo XV. Durante al menos unos cientos de años, fue la “viruela” de la sociedad.

No fue hasta la segunda mitad del siglo XX que se luchó bajo algún tipo de control, debido al descubrimiento y al uso cada vez más generalizado de antibióticos.

La sífilis es causada por la bacteria Treponema pallidum, y se presenta en cuatro etapas. La primera etapa generalmente se presenta como lesiones en la piel, que no siempre son dolorosas y pueden ser fáciles de pasar por alto. La segunda etapa puede manifestar una gran variedad de síntomas y, por lo tanto, ser muy fácil de diagnosticar erróneamente.

La tercera etapa se llama latente, en la que la enfermedad no muestra síntomas físicos, pero se puede detectar en fluidos corporales con una prueba; y la cuarta etapa, conocida como la etapa terciaria, puede causar un tipo de inflamación llamada granuloma o afectar al sistema nervioso central o el sistema cardiovascular.

Curiosamente, la sífilis ocular puede desarrollarse en cualquiera de estas etapas, y puede afectar casi cualquier estructura del ojo. El paciente es más probable que experimente cambios en la visión y visión borrosa.

La buena noticia es que esta infección es fácil de tratar con una dosis de penicilina y otro antibiótico. Lo malo es su dificultad para lograr su diagnóstico ya que los médicos no están acostumbrados a considerar la sífilis como la culpable principal de la pérdida de la vista.

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